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Redacción Síntesis Porcina

Rebelión contra las macrogranjas

Decenas de pueblos de Castilla-La Mancha, Aragón, Murcia o Valencia se organizan contra la proliferación de estas enormes instalaciones porcinas donde se crían y engordan a miles de cerdos con consecuencias nefastas para el medio ambiente, la salud y el bienestar animal.


 

España es una potencia en la producción de carne de cerdo, pero el modelo de ganadería está cambiando. Cada vez más, cientos de explotaciones porcinas se están transformando en descomunales instalaciones donde se gestionan miles de animales encerrados en naves, criados y engordados sin descanso para abastecer a un creciente mercado low cost. Una concentración del negocio que abarata los costes y que aporta grandes beneficios a la industria, pero que está dejando tras de sí un reguero de impactos sociales, medioambientales y de explotación animal de difícil corrección. En algunas comunidades, como Catalunya o Aragón, llevan años funcionando; pero ahora buscan extenderse también a otros territorios de Castilla-La Mancha, Castilla y León o Murcia. Lugares remotos de la España vacía y despoblada donde, contra todo pronóstico, estas macrogranjas se han topado con una fuerte y organizada contestación social.

Sus detractores —vecinos afectados, agricultores, ganaderos de extensivo, ecologistas y animalistas—han ido surgiendo allí donde se pretendía abrir una nueva instalación. En Montealegre del Castillo (Albacete), un proyecto de Cefusa-El Pozo tuvo que dar marcha atrás por la fuerte oposición de las plataformas ciudadanas y de los grupos políticos. También en Guadalajara, donde la Junta acaba de dar el visto bueno a una macrogranja de 3.000 cerdos en el municipio de Cincovillas, tuvieron que desistir varios intentos previos. La misma respuesta se han encontrado en Gamonal (Toledo), Villar de Cañas y Balsa de Ves (Albacete), Tarancón (Cuenca), Alpera y Ayora (Valencia) y un largo etcétera.

“Empezamos en enero dando charlas y pronto nos dimos cuenta de que había una avalancha de pueblos a los que quieren convertir en auténticos estercoleros”, dice a Público Inmaculada Lozano. Es agricultora ecológica y vecina de Pozuelo, un municipio de la provincia de Albacete donde se proyecta una macroinstalación con 51 naves y 140.000 cerdos a tan sólo 1,7 kilómetros de su casa. Desde el pasado fin de semana, es también coportavoz de la recién creada Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial, bajo la que se han agrupado más de 30 plataformas de resistencia a las macrogranjas de Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana y Murcia.

“Se está poniendo en riesgo el abastecimiento de agua para los regantes y para las personas, la contaminación de los acuíferos, del suelo y del aire, y la salud de las personas”, dice Lozano. Daniel González, de la plataforma Pueblos Vivos Cuenca, coincide en responsabilizar a la Junta de fomentar estas instalaciones con subvenciones públicas y la falta de una normativa medioambiental estricta. Este jueves pedirán al Consejero de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comunidad, Francisco Martínez Arroyo, una moratoria que paralice todos los proyectos en marcha hasta que no se evalúen “de forma adecuada” sus impactos.

La Junta, en conversación con este diario, defiende que en Castilla-La Mancha se han autorizado “unas 40 instalaciones de este tipo frente a las 400 que existen en otras comunidades” y asegura que cuentan con su correspondiente evaluación de impacto ambiental.

Pueblos estercolero

El principal problema derivado de las macrogranjas proviene de la gestión de los purines, compuestos procedentes de las heces, la orina y las aguas sucias de los cerdos con alto contenido en nitratos y amoniaco que, en la mayoría de los casos, terminan distribuidos como abono en los suelos circundantes. En las explotaciones tan grandes, con tanta cantidad de purín, la capacidad de suelo no es suficiente para absorber el fertilizante y termina provocando, muchas veces, la contaminación de las aguas subterráneas. En Catalunya, donde se gestionan más de 7,6 millones de cerdos, un 41% de las masas de agua subterráneas están en mal estado y 139 municipios han tenido que clausurar pozos de agua potable por un exceso de nitratos en la red de abastecimiento, según acredita un informe del Síndic de la comunidad. También en Aragón, otra de las comunidades con mayor industria porcina, el Gobierno emitió 61 incidencias oficiales relacionadas con la calidad del agua por la contaminación por nitratos en 2015.

 

La alternativa son las plantas de tratamiento de purines, que se utilizan para producir electricidad, pero muchas terminaron cerrando después de que en 2014 el Gobierno cancelara las ayudas a las plantas, desembocando en vertidos ilegales a los ríos y alcantarillas.

Los integrantes de la Coordinadora denuncian también los problemas para la salud derivados de las altas emisiones de amoniaco y metano que produce esta ganadería.

Una burbuja del porcino

“Es una industria tóxica. Se está usando el argumento de la despoblación y de la falta de trabajo, cuando estas granjas dan empleo a una o dos personas. Sólo el 2% de los costes se deriva a mano de obra. Me preocupa, además, porque se está tolerando todo este sistema para abastecer a un mercado muy volátil. Es la burbuja del porcino”, dice por su parte Blanca Ruibal, ingeniera agrónoma y responsable de Agricultura de Amigos de la Tierra.

El 45% de las exportaciones no comunitarias de cerdo van a parar a China

En efecto, la enorme transformación que está sufriendo la ganadería industrial del porcino en España tiene como objetivo primordial abastecer al principal consumidor de cerdo del mundo: China. Allí van a parar, según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, 339.000 toneladas de cerdo cada año, el 45,8% de todas nuestras exportaciones extracomunitarias, en lo que se ha convertido en un negocio sin precedentes. Si en 2008 las ventas de cerdo al país asiático suponían 993.000 euros, en 2016 esa cifra se había disparado hasta los más de 531 millones, un 53.418% más.

En paralelo, la concentración que ha sufrido el sector se refleja en los datos: según el Registro General de Explotaciones Ganaderas, entre 2008 y 2016 han desaparecido unas 12.000 granjas de cerdos en España, mientras que la producción no ha hecho más que aumentar: de los 26 a los más de 29 millones de cerdos en esos mismos años.

Entre 2008 y 2016 han desaparecido unas 12.000 granjas de cerdos en España

La situación es especialmente grave en algunas comunidades, como Catalunya, con 7,6 millones de cerdos albergados en 6.086 explotaciones, es decir: una media de 1.200 cerdos por granja. Galicia, con más granjas que ninguna otra comunidad (28.214), cría sólo un millón de cerdos, esto es, apenas 35 animales por instalación.

El diputado de Equo en el Parlamento Europeo, Florent Marcellesi, registró tres preguntas en Estrasburgo por la proliferación de las macrogranjas en España ubicadas en zonas protegidas de la Red Natura 2.000 que ahora deberá revisar la Comisión Europea.

“El medio rural está para alimentar a las personas y no para generar mercancías para los mercados”, zanja Ruibal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Público 

Modificación genética muestra eficacia contra el PRRS porcino

EUA - Un equipo formado por investigadores de la Universidad de Missouri y la Universidad Estatal de Kansas, en Estados unidos, y la compañía de cría Genus, ha demostrado que la alteración de una sección del gen de la proteína CD163 en el feto de los lechones les puede proteger por completo del síndrome reproductivo y respiratorio porcino (PRRSv).

En La Quimera, los cerdos dan carne y también electricidad

Una población de 13 mil cerdos, en un modelo de ciclo completo, producirá entre 120 y 180 kilovatios hora de energía. 

 

 

No corre, vuela. A un ritmo mucho más rápido del que le permiten sus patas cortas, el cerdo va cerrando un círculo virtuoso que lo tiene como protagonista.

Arrancó con genética puesta al servicio de una mayor producción de carne; luego fue su incorporación a las granjas de engorde lo que permitió a los granos de la zona convertirse en proteína animal; y ahora se apresta a intervenir en la generación de energía y a volver a retroalimentar el circuito.

Por esta secuencia viene transitando desde 2006 La Quimera, la granja porcina ubicada en Recreo, en el departamento Tulumba.

Con un plantel de mil madres y una población de 12 mil animales en ciclo completo, el establecimiento no solo convierte por año 8.700 toneladas de granos en carne, sino que ahora también transformará entre 60 y 90 metros cúbicos de efluentes diarios en energía.

Pero el proceso no termina ahí: el substrato que deja la generación de gas se convertirá, a su vez, en fertilizante para nutrir al maíz, que volverá a ser parte de las raciones de la granja. Un equipo de cañón de riego es el encargado de devolver el nutriente al suelo.

Electricidad Un biodigestor de fabricación alemana “pero adaptado a los costos argentinos” –según se encarga de aclarar Luis Picat, el propietario de la granja–, es el nuevo eslabón que La Quimera sumó esta semana a su cadena de agregado de valor con el cerdo.

Ubicado en forma estratégica en el centro de los galpones de engorde, el convertidor de los efluentes en gas es un gran cilindro de 22 metros de diámetro y cinco de altura. Tiene una capacidad para procesar 1.800 metros cúbicos de residuos sólidos y líquidos, que antes terminaban en las lagunas de decantación de la granja.

Luego de un proceso de fermentación de 20 días, el biogás servirá para mover un motor Scania de seis cilindros y 24 válvulas que producirá entre 120 a 180 kilovatios horas de electricidad.

“Todos los días, el biodigestor va a recibir entre 60 y 90 metros cúbicos del estiércol solido y líquido, a partir de la limpieza de los galpones”, explicó Picat, quien desde 2008 venía investigando distintas alternativas para generar biogás con residuos de cerdo. A tal punto, que el modelo que aplica en su establecimiento es el único en el país que trabaja con ciento por ciento de residuo porcino en la generación de energía.

“Hay varios, pero en el resto se mezclan silo de maíz y desperdicios vacunos”, destacó el productor.

Impacto económico Con la producción de entre 120 a 180 kilovatios por hora, la generación de energía en la granja permitirá cubrir la demanda de electricidad durante 12 horas. Será en el horario comprendido entre el mediodía y las cero hora, período de mayor consumo y cuando el costo del kilovatio es más elevado. “Esto se traduce en un ahorro del 70 por ciento en la tarifa de energía y un ciento por ciento del gas para calentar la sala de recría, en el destete”, comparó Picat.

La inversión está estimada en 5,7 millones de pesos que, a partir del ahorro de energía, tiene un período de amortización a moneda constante menor a los cinco años.

Impacto ambiental La Quimera comenzó a producir cerdos en 2006, cuando incorporó el primer módulo de producción de 250 madres. En los años sucesivos, su crecimiento insumió la instalación de tres módulos más que llevaron la población a mil madres. En poco más de 10 años, la granja ha tenidos altos índices reproductivos y productivos: tiene una parición del 90 por ciento y la cantidad de destetes por madre es de 28 lechones. Por año, de sus galpones salen 26.500 capones, lo que representan 3,10 millones de kilos de cerdo.

La incorporación del biodigestor no solo se agota en la generación de energía. El sustrato que genera los 20 días de fermentación en el tanque es una fuente rica en nutrientes que sirve como fertilizante. Sólo en fósforo tiene más de 45,6 parte por millón.

Según explicó Picat, ese fertilizante va a quedar en la granja para nutrir al maíz. Sobre las mil hectáreas totales que tiene el establecimiento, 150 hectáreas ocupa la granja. Divididas en 10 lotes, las 850 hectáreas restantes están destinadas a la agricultura con una rotación que tiene a la soja y al maíz como socios en partes iguales.

Como parte de su eficiencia productiva, el establecimiento tiene elaborado la huella de carbono que interviene en la producción del cerdo. El indicador muestra que por cada kilo de cerdo que sale del establecimiento se generan 2,95 kilos de dióxido de carbono, un impacto ambiental menor que en granjas de Europa, donde la magnitud ronda los 2,95 kilos.

Con el biodigestor, la huella de carbono en La Quimera se reduce casi 18 por ciento y queda en 2,40 kilos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Clarín

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